Los productores agrarios y distribuidores dependen en gran medida de la biodiversidad y de los servicios ecosistémicos, pero a su vez generan un importante impacto sobre éstos. Este es un hecho conocido y estudiado ampliamente en el sector agroalimentario. Los estándares y criterios de aprovisionamiento pueden ayudar sin embargo a reducir estos impactos de manera muy significativa, poniendo sobre la mesa criterios transparentes, efectivos y verificables a lo largo de la cadena de suministro. Algo que a su vez genera una información cada vez más demandada por consumidores en relación a la calidad de los productos, la huella social o ambiental de los productos y en definitiva el impacto causado sobre el medio ambiente.

El proyecto LIFE Food & Biodiversity “Biodiversidad en Estándares y Sellos en el Sector agroalimentario” tiene como objetivo introducir criterios para la protección de la biodiversidad en los estándares y criterios de aprovisionamiento en la industria agroalimentaria. Así, con la firme intención de establecer sinergias a través de grupos de trabajo, el LIFE Estepas de La Mancha divulga la ficha técnica de gestión de biodiversidad asociada a cultivos de trigo que se ha producido en el marco del proyecto LIFE Food & Biodiversity.

Los cultivos herbáceos como sistema de producción incluyen una variedad de diferentes tipos de cultivos, que van desde la remolacha azucarera hasta los cereales. Los métodos agrícolas varían de un cultivo a otro. En este documento, nos enfocamos en el cultivo de trigo convencional, por ser el cultivo más importante en Europa. La producción de trigo es parte de un sistema de producción altamente intensificado y, como tal, solo deja poco espacio para la biodiversidad en los campos y también influye negativamente en la naturaleza circundante.

Los cereales (trigo, maíz, cebada, ray, avena y arroz) constituyen la mayor proporción de cultivos producidos en Europa. El rendimiento anual de los cereales (incluido el arroz) en la UE-28 es de aproximadamente 317 millones de toneladas (2015), alrededor del 12,5% de la producción mundial de cereales. El trigo blando y la espelta, la cebada, el maíz en grano y la mezcla de maíz y mazorca (CCM) representan una gran proporción (86%) de los cereales producidos en la UE-28. En comparación con el nivel medio de 5 años, la producción de cereales de la UE-28 aumentó un 5,7% en 2017. Este aumento se debió principalmente al trigo blando y la espelta (14%) y la cebada (10%). Los mayores productores de trigo de la UE.28 son Francia (56 millones de toneladas), Alemania (52 millones de toneladas) y Polonia (32 millones de toneladas).

El rendimiento promedio por hectárea de trigo varía mucho según los países, dependiendo de factores bióticos y abióticos, pero principalmente del grado de intensificación de la agricultura. Los rendimientos más altos de trigo por hectárea en Europa se obtienen en el norte de Alemania y Ucrania y superan en diez veces los rendimientos de los países en desarrollo. Las regiones mediterráneas semiáridas, en las que los cereales se cultivan como cultivos de secano, tienen rendimientos menores. Los avances tecnológicos en la preparación de los suelos, la optimización de los procedimientos de siembra, la rotación de cultivos y el uso de fertilizantes, así como mejores técnicas de cosecha han favorecido un aumento en el rendimiento del trigo en las últimas décadas. Hoy en día, los rendimientos más altos solo pueden lograrse con nuevas variedades, mejor adaptadas a las condiciones climáticas o resistentes a las enfermedades.

El trigo blando de invierno generalmente se siembra a finales de otoño, el abonado de fondo o fertilizante se aplica en noviembre o finales de otoño, y el abonado de cobertera se aplica en primavera, finales de marzo o abril. Los herbicidas de pre-emergencia se aplican en marzo y los de post-emergencia cuando sea necesario, incluso hasta junio, los fungicidas a finales de abril si la primavera es lluviosa, dependiendo de las condiciones climáticas. Los insecticidas contra diferentes plagas se usan en primavera.