Control biológico

 

Qué es: es una técnica agronómica de control de plagas que consiste en utilizar organismos vivos que son enemigos naturales (parásitos, predadores y patógenos) de las plagas y, por tanto, controlan las poblaciones de organismos perjudiciales en el cultivo (insectos, ácaros, malezas, enfermedades de las plantas, etc.) sin necesidad de aplicar fitosanitarios. El control biológico lo realizan de manera natural un sinfín demamíferos, aves, reptiles, insectos, arañas, hongos, bacterias, etc. En algunos casos podemos fomentar su presencia o incluso inocularlos en el propio cultivo.

Un ejemplar de mariquita (Coccinella septempunctata) depreda un pulgón que está afectando un cultivo.

Beneficio agronómico: el control biológico tiene varias ventajas ya que la estrategia se dirige a una especie de plaga particular, mientras se mantiene la población de la plaga por muchos años sin causar daño económico. En el largo plazo, el control biológico es uno de los métodos más baratos, seguros, selectivos y eficientes para controlar plagas. Además las poblaciones de enemigos naturales regulan sus poblaciones de manera natural con las de la plaga: cuando más presas hay, más alimento disponible y mayor crecimiento de la población de enemigos naturales.

Sinergias agroambientales: se ha demostrado que cuanto mayor es la diversidad y complejidad de hábitats donde se albergan estos enemigos naturales, tanto mayor es su eficacia como controlador de plagas y, por tanto, mayor estabilidad en la producción agraria. Favorecer la presencia de hábitats seminaturales e infraestructuras ecológicas (setos, linderos, etc.) es, por tanto, una apuesta de futuro que beneficia al paisaje, la biodiversidad y la productividad agraria.

 

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